|
Copio e pego a crónica de La Opinión, que dentro duns días deixará de estar disponível na rede:
Arthur Penn: "Me quedaría a vivir en A Coruña para siempre"
El director de `Pequeño gran hombre´, `Bonnie and Clyde´ y `La jauría humana´, participó ayer en un coloquio con el público en el Centro Galego das Artes da Imaxe.
Jorge Carregal.A Coruña
Arthur Penn sabe ganarse al público. Lo hizo como director de cine, con películas ya míticas que pasarán a la historia del séptimo arte como La jauría humana, Bonnie and Clyde o La noche se mueve. Lo hizo dirigiendo programas de televisión en los años cincuenta y obras de teatro en Broadway durante más de treinta años. Y también lo hizo ayer en la sede del Centro Galego das Artes da Imaxe (CGAI) en A Coruña, en donde participó en un coloquio con cinéfilos, tras el cual se proyectó su Pequeño gran hombre, protagonizada por Dustin Hoffman, y demostró que a sus ochenta y dos años continúa siendo un hombre lúcido, irónico y vital.
Las primeras palabras del director fueron un elogio a la ciudad que visita por primera vez y que le ha enamorado. Dijo que le "gustaría quedarse a vivir aquí para siempre". A continuación los asistentes le preguntaron al director acerca de sus películas, de su visión actual del cine, de su paso por la televisión, del teatro, de los actores a los que dirigió, y Penn contestó con sonrisas, gestos y anécdotas de sus años de trabajo en el cine, en los que dirigió catorce películas, que le convirtieron en uno de los directores más importantes de la segunda mitad del siglo XX.
Aseguró que Hollywood está enfermo desde hace veinte años, porque "el dinero es quien decide lo que aparece en las películas. Hay un efecto especial tras otro efecto especial, pero se ha perdido la humanidad". Añadió que la esperanza para la meca del cine se encuentra en las películas pequeñas. Precisamente, preguntado por algún director actual que le gustase, contestó que Alexander Payne, candidato a los premios Oscar de este año por Entre copas. Penn criticó además a los jóvenes actores del presente. "Tienen caras preciosas, pero no sé que hay detrás. Hay muchos actores con talento, pero no hay ninguno capaz de hacer interpretaciones como las que hacían Marlon Brando, Jack Nicholson o Paul Newman", tres actores a los que dirigió.
También hizo referencia a los dos directores españoles más importantes del momento, Pedro Almodóvar y Alejandro Amenábar. Dijo que Almodóvar era "genial" y que había visto Mar adentro. "Es una película muy buena. Tiene un par de momentos con mucha sensibilidad, demasiada para mí. Pero es muy emotiva".
El director rechazó el término "autor" referido a los cineastas. Dijo que el término se debía aplicar a la literatura, pero no al cine. "Las películas se hacen entre tanta gente que es muy difícil reclamar la autoría de algo", argumentó.
Finalmente, el norteamericano regaló una exclusiva a los cinéfilos coruñeses. Contó "por primera vez en público", según dijo, el motivo de que a comienzos de los sesenta le despidieran de El tren, una película protagonizada por Burt Lancaster que describe el expolio nazi de las obras de arte europeas.
"Tenía un guión que me entusiasmaba y llamé a Lancaster, a quien no conocía, para ver si quería trabajar en la película. Me dijo que sí. Así que nos fuimos a París a rodar. Comenzamos sin él porque estaba enfermo. Cuando curó, a los pocos día de que llegase, me despidieron sin darme ninguna explicación y contrataron en mi lugar a John Frankenheimer, que era muy amigo suyo. Doce años después Frankenheimer me llamó para que hablásemos. No nos conocíamos y le dije que no teníamos nada de qué hablar. Él insistió y quedamos. Me contó que me habían despedido porque Lancaster quería que él dirigiese la película y presionó hasta que me echaron. Yo le pregunté "¿cómo pudiste hacerme eso, John?", y él me contestó que por aquel entonces era alcohólico, estaba borracho a todas horas y no se paraba a pensar. Pero ahora, añadió, estoy yendo a Alcohólicos Anónimos y quiero pedirte disculpas por mi comportamiento".
|