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La Muerte y la maestra
Mariasun Landa

La muerte entró sigilosamente en aquel cuarto. La nota que llevaba en la mano era muy breve. Decía así:

Señora de 68 años. Exmaestra. Viuda y sin hijos. Dócil, tozuda y lectora empedernida. Vive sola. Trabajo fácil.

La muerte andaba deprisa y, viendo que se trataba de un caso sin dificultades, se dispuso a ejecutar cuanto antes su tarea. De todas formas, se extrañó al acercarse hacia su víctima: estaba en el lecho, por supuesto, pero rodeada de libros y diccionarios; estaba pálida, por supuesto, pero parecía totalmente concentrada en escribir algo en un cuaderno; le costaba respirar, por supuesto, pero a su mirada le quedaba aún un destello de vida... Bueno, no era la primera vez que le tocaba llevarse a alguien a la fuerza, así que se plantó ante ella y empleó la fórmula acostumbrada:

-Ven conmigo. Tu hora ha llegado.

Aquella mujer levantó la vista de su cuaderno y no hizo la más mínima señal de asombro ante la implacable muerte que llegaba a cortarle el aliento para siempre...

-Ya veo que viene usted en mi busca, Todopoderosa Dama, y le diría que estoy preparada si hubiera dado con un final para esta pequeña historia que me traigo entre manos. Ese es el único y fino hilo que me ata a la vida y he de confesarle que me vendría muy bien su inestimable ayuda para cortarlo definitivamente...

A la muerte no le extrañó para nada aquella perorata. Eran muchos los que, a última hora, suplicaban su ayuda o su compasión. Iba a responderle, cuando, sin previo aviso, la exmaestra le informó desde su lecho:

-Se trata de la historia de una mujer que había sido maestra y que al recibir la visita de la muerte le ruega a esta que le ayude a terminar el cuento que estaba escribiendo...

-¡Vaya, vaya! -sonrió la muerte enseñando sus negros dientes.

-La muerte cree que es una cosa fácil pero ella tampoco consigue terminar el cuento...

-¿Y se puede saber por qué?-preguntó sarcásticamente la muerte afilando su terrible guadaña.

-La respuesta es muy delicada, tiene muchas variantes, respetable señoría. Mi hipótesis es que la muerte no había leído muchos libros, ni había escuchado suficientes cuentos.

-¡Eso está por ver!-masculló la muerte desafiante. Arrancó el cuaderno de las manos a la maestra, con gesto altivo y provocador... Y se puso a leer:


"La muerte entró sigilosamente en aquel cuarto. La
nota que llevaba en la mano era muy breve. Decía así:

Señora de 68 años. Exmaestra. Viuda y sin hijos. Dócil, tozuda y lectora empedernida. Vive sola. Trabajo fácil.

La muerte andaba deprisa y, viendo que se trataba de un caso sin dificultades, se dispuso a ejecutar cuanto antes su tarea...
De todas formas, se extrañó...
Pero a su mirada la quedaba aún un destello de vida...
Bueno, no era la primera vez...
Así que se plantó ante ella...
Ven conmigo. Tu hora ha llegado.
Ya veo que viene usted en mi busca, Todopoderosa Dama; y le diría que estoy preparada para ello si...
A la muerte no le extrañó para nada...
El caso es que estoy escribiendo la historia de una mujer que había sido maestra y que al recibir la visita de la muerte...
¡Vaya, vaya!
Enseñando sus negros dientes.
No puede terminar el cuento.
¿Y se puede saber por qué?
Sarcásticamente.
Pues porque no había leído muchos libros ni había...
La muerte le arrancó el cuaderno...
Y se puso a leer...


"La muerte entró sigilosamente en aquel cuarto...
La muerte andaba deprisa.
A la muerte no le extrañó.
Una mujer que había sido maestra.
Al recibir la visita de la muerte le ruega a esta...
Sonrió la muerte.
La muerte cree que es una cosa fácil.
¡Vaya, vaya!
Ella tampoco consigue terminar el cuento.
Afilando su guadaña.
No había leído muchos libros...
No había escuchado muchos cuentos...
¡Eso está por ver!
Y se puso a leer.


"La muerte entró...
Sigilosamente...

2003-11-02, 02:01 | 9 comentarios

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Comentarios

1
De: Jaio la espía Fecha: 2003-11-02 02:24

Sublime, ciertamente, sultán. Y una estrategia muy.... ¿admitamos femenina? La fuerza de la palabra.



2
De: Jorge Fecha: 2003-11-02 02:35

Isto por suposto non o escribín eu, tan so é un conto que conto sempre e que transcribo aquí tal como o recordo:
Al acercarme a la parada del bus me encontré a un hombre esperando que llevaba un abrigo negro. En uno de sus hombros llamaba la atención un pequeño hilo rojo que enseguida retiré, el hombre con mucha amabilidad estendió su mano para que yo lo dejase caer y me dió las gracias con un "Muchas gracias, es usted muy amable, ¿de dónde es usted?" Esto desembocó en una larga conversación ya que los dos éramos hombres de avanzada edad y que habíamos vivido y sufrido mucho.
Después de media hora me dispuse a seguir mi camino, los dos quedamos en saludarnos caundo nos viésemos y en tomar un café juntos algún día que la situación nos lo permitiera.
Cuando me alejaba volví la cabeza y lo ví volviendo a colocar cuidadosamente el hilo en su hombro.



3
De: Vendell Fecha: 2003-11-02 04:11

Lo que no sabe la maestra es que la muerte es mucho más paciente que ella... y tiene más sentido del humor.



4
De: Ferran Fecha: 2003-11-02 04:54

Bonito cuento, realmente. Ese recurso al círculo para terminar sin acabar siempre me ha fascinado.



5
De: Paco Penas de DORVISOU Fecha: 2003-11-02 05:09

No fondo a vida non deixa de ser coma un conto sublime e como cada conto sempre ten un colorin colorado este conto xa esta contado....



6
De: Akin Fecha: 2003-11-02 05:27

También Bastian escuchó muy claramente.
Sin embargo, las primeras palabras que dijo el Viejo no las entendió. Eran algo así como "Nosaico ed sorbil rednaerok darnok irak oirateiporp".
"Es extraño", Pensó Bastian, "¿Por que habla el viejo en un idioma extranjero? ¿O será quizá un conjuro?"


------

"Esta era la inscripción que había en la puerta de cristal de una tiendecita, pero naturalmente sólo se veía así cuando se miraba a la calle, a través del cristal, desde el interior en penumbra.

Fuera hacía una mañana fría y gris de noviembre, y llovía a cántaros. Las gotas correteaban por el cristal y sobre las adornadas letras. Lo único que podía verse por la puerta era una pared manchada de lluvia, al otro lado de la calle"

-----

"Esa historia no la conozco - pensó Bastian un tanto decepcionado -, no aparece en el libro que he estado leyendo hasta ahora. Bueno, ahora resulta que todo el tiempo me he equivocado. Había creído realmente que el Viejo comenzaría a contar la Historia Interminable desde el principio"

----------

La puerta se abrió de pronto con tal violencia que un pequeño racicmo de campanillas de latón que colgaba dobre ella, asustado, se puso a repiquetear, sin poder tranquilizarse en un buen rato.

El causante del alboroto era un muchacho pequeño y francamente gordo, de unos diez u once años. Su pelo, castaño oscuro, le caía chorreando sobre la cara, tenía el abrigo empapado en lluvia y, colgada de una correa, llevaba a la espalda una cartera de colegial. Estaba un poco pálido y sin aliento pero, en contraste con la prisa que acababa de darse, se quedó en la puerta abierta como clavado en el suelo..."

------------

Mientras Bastian leía esto, oyendo al mismo tiempo la voz profunda del Viejo de la Montaña Errante, comenzaron a zumbarle los oídos y a írsele la vista.

¡Lo que allí se contaba era su propia historia! Y estaba en la Historia Interminable. Él, Bastian ¡aparecía como personaje de el libro cuyo lector se había considerado hasta ahora!


(Michael Ende)



7
De: Mc Fecha: 2003-11-02 20:19

Siempre es una gozada volver a leer cuentos asi.. estoy totalmente de acuerdo en que es precioso y muy "nuestro" :)



8
De: Descalza Fecha: 2003-11-02 20:55

Aquí le dejo esto que encontré:
Si te pilla la muerte descuidado, sin haberte
avisado previamente,
no le muestres los dientes
simplemente le contestas
que no estás preparado
y si insiste,
que en esto
es muy osada,
tú a lo tuyo
No finjas ni te inmutes,
que no hay mayor placer
[y disfrute que ese de/] ignorar a señora tan pesada.
Pablo Otero "peixe"



9
De: ElPez Fecha: 2003-11-03 08:11

Me acordé de la canción "El tío Marcial", del siempre inefable Javier Krahe (coautor: Alberto Pérez, conste)

-Tan pronto por aquí-
dijo el tío Marcial
con un gesto de asombro,
cuando la vio venir
con su blanco sayar
y la guadaña al hombro.
-Tengo mucho que hacer,
no me puedo morir,
vete a cortar el césped.
-Al contrario Marcial,
te debieras sentir feliz
de ser mi huésped:
has trabajado bien,
hora es de descansar
bajo losa de mármol
para alguien como tú
que al mundo ya dejó
un hijo, un libro y un árbol.

"El árbol que planté,
benemérita acción
porque ya quedan pocos
en mi pobre ciudad,
era un sauce llorón
pero sin mocos.
Pero resulta que
tenían otro plan
las urbanizaciones.
Pobre sauce llorón
ya secó el alquitrán
tus verdes lagrimones.

El libro que escribí
y que a nadie plagió,
era un grueso volumen,
donde con ilusión
puse todo lo que guardaba
en el cacumen.
Pero resulta que
sopesando el papel
de muy mala manera,
dijo el inquisidor
a la pira con él
y pereció en la hoguera.

Y el hijo que me dio
mi adorada mitad,
nos salió inconformista,
o quizá intelectual,
o emigrante quizá
o en fin quizá turista.
Porque resulta que nacido
en un país
de gritos iracundos,
tuvo que abandonar
y ahora vive en París,
se fue por esos mundos.

Y la próxima vez
te juro que seré
¡oh patria!
algo más práctico
te dejaré un borrego,
una fotonovela
y una flor de plástico."
-No habrá próxima vez,
déjalo ya Marcial-
le respondió la muerte.
La guadaña zumbó,
así que menos mal
hemos tenido suerte.



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